Remembranzas ASEM

ASEM EN SU ANIVERSARIO 43

Hablar de nuestra querida Asociación de Asistentes Sociales en Empresa y de sus 43 años de vida institucional es un orgullo. Al hacerlo debemos empezar por recordar sus inicios como consorcio en 1960 y posterior constitución en 1967. Y recordar los momentos inaugurales de esta Asociación es rememorar con afecto las trayectorias exitosas de colegas como Yolanda González (Q.E.P.D.), Blanca Machuca, Esperanza de la Rocha, Vicky Martínez, Juanita Pasco, Consuelo Mavila, Gladys Díaz, Bertha Bringas (Q.E.P.D), Luisa Campos. Personas y trayectorias difíciles de olvidar porque su participación fue vital para el nacimiento y los primeros pasos de ASEM.

Desde entonces, en sus diferentes Juntas Directivas, profesionales distinguidas han tenido una participación meritoria en la historia de ASEM. Cómo no recordar a Dora Castañeda con quien tuve la suerte de iniciarme en ASEM; a Laura Gonzales, Carla Green, Carmela Tokunaga, Frida Jasahui, Isabel Taboada (Q.E.P.D.), Carmela Yamanichi, Carmen Limo, Juanita Pasco, Laly Pedemonte, Ana Saavedra de Soldevilla, Emma Fujji, Teresa Salazar, con quienes compartimos la responsabilidad de la Directiva; a Pilar Valera, cuyo nombre está vinculado a un período con importantes y reconocidos logros en su haber; a María Esther Lozano, en cuyo período se concretó la casa de ASEM. Justo es decirlo, cada una de las ahora Past Presidentas y el grupo profesional que las acompañó en sus respectivas gestiones brillaron con luz propia y nos dejaron una obra valiosa. Finalmente, expreso mi reconocimiento a nuestra actual Presidenta, Esther González de Dañino, que con profesionalismo y con un equipo muy afinado conduce ahora los destinos de ASEM.

Como es sabido, los objetivos de ASEM en las primeras épocas estuvieron encaminados a velar por el ejercicio profesional y el prestigio del Servicio Social en las Empresas. Y, en esa dirección se encaminaron los esfuerzos de la asociación, con no pocas dificultades, venciendo incomprensiones y dudas. Esa labor se combinó en los momentos iniciales con aquella otra en que la asociación se presentaba como una entidad consultora y asesora sobre asuntos sociales, coordinando con los organismos afines las diferentes acciones dirigidas a lograr los objetivos institucionales. Dura y meritoria labor en pos de un reconocimiento de nuestra profesión, de nuestro derecho a la existencia como institución representativa de un gremio cuya labor en la empresa dejó de ser accesoria para convertirse en un pilar fundamental en la creación de un ambiente laboral sano y propicio para el desarrollo de los trabajadores como para la materialización de la visión empresarial.

Al llegar a estos 43 años, constatamos con verdadera satisfacción como ha evolucionado el Trabajo Social que, en el pasado, muchos diagnosticaron como asistencialista. Y vemos también cómo el destino de las ideologías y la aparición de nuevas técnicas y herramientas metodológicas han influenciado enormemente en su derrotero, en un contexto marcado por una globalización que, rompiendo fronteras, ha significado también la puesta en contacto de nuestro universo con el creciente desarrollo tecnológico, científico y social. Es al interior de este panorama que ASEM, de manera indudable, está jugando, y debe continuar haciéndolo, un papel preponderante en el desarrollo de nuestra sociedad y en el fortalecimiento integral de la institución y de cada una de sus asociadas.

El crecimiento actual de ASEM como grupo institucional, vislumbra un especial interés gracias a la continuidad de su existencia en medio de acentuadas crisis de unidad en no pocos sectores gremiales. Aquí, en ASEM, se respira un aire de unidad. Unidad en la diversidad. Unidad aun en las diferencias. Ese sentido afirmativo es garantía de su vigencia, de la vigencia de su misión. Su misión, sin embargo, va más allá de aspectos técnico-administrativos. Su misión, y ello es lo que hará posible su mayor fortaleza, deberá necesariamente estar centrada en cultivar, no sólo la calidad profesional de sus integrantes sino también –y con igual importancia– la calidad humana de sus socias. No hay que olvidar que en toda institución, su crecimiento como tal debe evolucionar de manera paralela al desarrollo personal de sus miembros. Y por ello es fundamental propiciar actividades, cuya dinámica haga posible reforzar aquellos valores sustentados en la ética, la solidaridad, la honestidad, el respeto y la humildad. Jamás perder de vista que la esencia, que la razón de ser de nuestro trabajo es el ser humano y su dignidad por encima de todas aquellas otras consideraciones que han aparecido en el horizonte de estos tiempos modernos, tan agitados como controvertidos.

Vivimos en una sociedad en que la crisis social y económica ha derivado en una grave crisis moral, poniendo a prueba la conducta y la ética de los profesionales. Hoy mismo, a las puertas de las próximas elecciones municipales y presidenciales, se habla de frentes o partidos que levantan las banderas de la anticorrupción. ¿A qué grado de bajeza moral se ha llegado para aceptar pasivamente que la corrupción ha hecho presa de una significativa parte de nuestra sociedad, pasando por el Estado, empresas e instituciones gravitantes en la moral de amplios sectores de nuestro país?.

Se han publicitado lemas y consignas que consideran a la tecnología y el trabajo como fines supremos del hombre, y desilusionados por los fracasos del ayer hemos intentado sumergirnos en el frío mundo de las tareas administrativas, técnicas y organizacionales, insertándonos como una pieza más en la maquinaria empresarial, olvidándonos que somos seres racionales, pensantes y que también poseemos emociones, pasiones y afectos. En estos tiempos modernos, donde cunde la desmoralización y la desilusión, quizás sea el momento de alimentar el espíritu y de recuperar los grandes legados cristianos de Juan XXIII, Paulo VI o la prédica humanista de Juan Pablo II.

En medio de esta gravísima crisis moral, la Trabajadora Social tiene ante sí un enorme desafío. En medio de esta falta de credibilidad en las instituciones, al Trabajo Social le corresponde la tarea de impulsar la moral y la afirmación de aquellos valores ligados al crecimiento ético del ser humano. Ahora más que nunca la Trabajadora Social debe adquirir un mayor compromiso con aquellos principios que están en la base del factor humano y que recibió como formación primigenia en las aulas universitarias. Ardua labor en estos tiempos materialistas, sin duda, pero necesaria y vital si queremos reivindicarnos como personas, si anhelamos crecer como institución, si deseamos hacer de nuestras empresas fuentes legítimas de desarrollo social y económico, si aspiramos a hacer de nuestro país un lugar digno y habitable.

En este 43° aniversario de nuestra querida institución, como Past Presidenta hago una especial invocación a todas las Trabajadoras Sociales de Empresa con el fin de renovar nuestro compromiso como integrantes de ASEM, y renovar, asimismo, en forma individual, la promesa de transmitir en cada una de nuestras acciones la fe, la esperanza y la solidaridad frente a la problemática de los trabajadores que se acercan a nosotras en busca de apoyo y orientación, reconociendo en  ellos la razón de ser de nuestra profesión.

Un fraternal abrazo en esta memorable fecha a todas mis colegas y muy en especial a mis amigas, las Trabajadoras Sociales que me acompañaron en la Directiva  89-91, las quiero y las recuerdo siempre.

Mercedes Llanos de Rebaza

Past Presidenta de ASEM (1989 – 1991)


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